domingo, 18 de enero de 2009

EL RERATO DE DORIAN GRAY.


Cuando terminé de leer el retrato de Dorian Gray, escrito en 1890, 19 años después de “El origen del hombre” faltaba poco más de una semana para entrar en el año internacional de Darwin y junto al citado libro, en mi escritorio, descansaba una revisión de la importante influencia de los trabajos de éste, a lo largo de la historia y de cómo se habían malinterpretado las conclusiones de su excelente trabajo científico a favor de ciertas filosofías y cómo, de nuevo malinterpretado, ofendió a otras. Simultaneé ambas lecturas según mis necesidades de fantasía o realidad, y no pude evitar (tal vez sólo por sugestión) encontrar la sombra de los acalorados debates victorianos sobre las teorías de Darwin, como un tapiz sobre cuyo entramado se hubiera tejido la fascinante obra “El retrato de Dorian Gray”.

Siendo como es, un libro de profundas y amplias connotaciones místicas, filosóficas y estéticas, encontré en la búsqueda de interpretaciones y críticas al libro una amplia gama de referencias, metáforas y alusiones, en las que la influencia de Darwin brillaba por su ausencia. Ausencia que me impulsó a escribir esta pequeña contribución al Club de Lectura de Añover de Tajo, con el que tan buenos ratos he compartido.

Lord Henry, personaje sobre el cual recae todo el peso simbólico de la obra y personificación del más extremo cinismo, dice al principio del libro - Nuestra raza se ha quedado sin valor, quizás nunca lo tuvimos- . De esta forma, resume la más importante implicación filosófica de la obra de Darwin: destrona al hombre de su pedestal antropocéntrico y depura la especulación de su sobrevalorada identidad, devaluándolo al nivel que por su naturaleza le corresponde, un simio más -"El ser humano tiene el defecto de tomarse demasiado en serio... ese es su pecado capital"-. Darwin es al hombre lo que Copérnico a la tierra: la tierra postuló éste, no es el centro del universo; el hombre nos enseñó aquel, no es la culminación de la naturaleza.

Un poco más adelante, el mismo Henry, en medio de una reunión social, dicta una reveladora declaración de intenciones: “… Yo sugiero que apelemos a la ciencia para que nos encamine…”. En la reflexión de una de sus pláticas con Dorian reitera “… Lord Henry, estaba convencido de que el método experimental es el único que nos permite llevar a cabo un análisis científico de las pasiones…”. En los análisis clásicos de la obra, Henry se describe como una metáfora del diablo tentador e inductor al pecado. En mi opinión, el motor de los actos de Harry es la curiosidad, la simple observación científica y descripción de los hechos “… Yo no pretendo cambiar nada, me conformo con la contemplación filosófica…” declama en una ocasión. Harry no pretende conseguir la perdición de nadie, más bien parece aplicar la máxima de la ciencia ingenua de un niño: A ver que pasa. Así mismo, continuamente pone en duda la existencia de una moral universal y recta que nos diera sentido y que, por supuesto, no rige nuestros actos. De nuevo, nos describe como animales dignos de estudio, no mejores que el resto de los animales, y nos despoja de la necesidad de un Dios o bien supremo. Darwin hizo lo mismo, su teoría de la evolución nos deja huérfanos. No es necesaria la existencia de un Dios creador para entender la nuestra. Nuestro destino no se ha trazado, ni encaminado por ningún bien superior, nuestro libre albedrío no es un Don Divino y no está exento del influjo de las leyes naturales que gobiernan al resto de los animales. Somos lo que somos por causa de la selección natural, en la que tiene mucho más que ver el azar que un prefijado destino superior de la humanidad. Nuestra existencia no tiene por que tener ningún fin. Dios, no sólo en física, juega a los dados.

Por último “-… Las buenas determinaciones son intentos inútiles de interferir en las leyes científicas… Nos dan, de cuando en cuando, esas emociones lujosas y estériles que tienen un cierto encanto para los débiles.” Oscar Wilde pone en boca de Harry una de las interpretaciones erróneas de la Selección Natural que más daño han hecho a la humanidad y al propio Darwinismo; aquella que podría resumirse como “La ley del más fuerte” y que presupone que la selección natural actúa tan solo a nivel de individuos, y por tanto favorece a los egoístas e individualistas, cuyo comportamiento tan sólo intenta maximizar el beneficio propio. Esta distorsión de la teoría de Darwin, presupone que los individuos “fuertes” lo son “per se”, y les dan un valor biológico que no tienen. La supervivencia del individuo está determinada e íntimamente ligada al medio en que se desarrolla, y las adaptaciones no tienen un valor objetivo e inmutable. La presunción de que las actitudes egoístas suponen una ventaja frente a las altruistas, así como que éstas últimas no son “ley natural” es una interpretación incompleta, interesada y actualmente totalmente superada, como ha demostrado la teoría de la selección natural multinivel: “En algunos ambientes, a nivel de individuo, los egoístas consiguen una mayor eficacia biológica, pero a nivel de grupos, los grupos con comportamientos altruistas, superan en términos de eficacia biológica a los que se componen de miembros egoístas”.

Para terminar, un pensamiento propio desarrollado a partir de las presentes reflexiones: El hombre egoísta puede salvarse a sí mismo, pero estará condenando a la humanidad.

Ernesto.

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